Audio próximamente. Por ahora, la letra.
En el setenta y tres, cansado ya del frío,de carbón, viento sur y puerto gris,le dijo al sindicato, con bronca contenida:“Mandame donde quieras, pero al sur no voy a ir.”
El delegado, viejo zorro de escritorio,lo miró con media risa y sin temblar:“Te mando a un lado, pibe, pero después no llores,que hay destinos que no son para cualquiera aguantar.”
Y así salió José, con pinta de hombre serio,con un traje prestado de valor,un maletín flamante, comprado pa’ hacerse fino,y adentro historietas, sueños y algo de temor.
No era un diplomático, no era ningún señor,era Toti de Ballester, buscándole la vuelta al sol.
Ay, maletín de Singapur,compañero de un muchacho sin patrón,con historietas y coraje,con dos mangos y un destino de vapor.Ay, maletín de Singapur,quién diría, entre escalas y calor,que ese pibe que viajaba medio en bromaiba a hacerse viejo lobo de altamar y corazón.
Río de Janeiro le guiñó desde la pista,Lisboa fue una sombra en el cristal,Beirut sonó a novela, Frankfurt a mundo ajeno,y Londres fue una niebla difícil de explicar.
París quedó de paso, Yakarta en la memoria,el cielo daba vueltas sin parar,y él cuidaba aquel maletín como quien cuidala última prueba de que puede aparentar.
Porque el mundo era más grande que sus ojos,más grande que el barrio, la esquina y el café,pero Toti iba sentado, calladito y bien despierto,como quien dice: “Ya veremos qué hay que hacer.”
No era un turista, no iba a pasear,iba a ganarse el pan donde termina el mar.
Ay, maletín de Singapur,compañero de un muchacho sin patrón,con historietas y coraje,con dos mangos y un destino de vapor.Ay, maletín de Singapur,quién diría, entre escalas y calor,que ese pibe que viajaba medio en bromaiba a hacerse viejo lobo de altamar y corazón.
Pero al llegar al barco se cayó la fantasía:ni lujo, ni postal, ni capitán.Ratas por los rincones, cucarachas en la sombra,sábanas hechas trapo y agua sucia en el pasillo.
No andaban las heladeras, ni el aire, ni el decoro,no había ni dignidad para zarpar.Y Toti vio en silencio que ese monstruo oxidadopedía más coraje que cualquier temporal.
La empresa prometía, el capitán apuraba,pero la tripulación dijo: “Así no va.”Cuatro fueron al frente, porque cinco era motín,y en puerto se plantaron sin moverse de lugar.
No era rebeldía por querer pelear,era saber que un hombre también debe descansar.
Ay, maletín de Singapur,ya no eras sólo pinta ni actuación,eras testigo de un pibe de barrioaprendiendo los códigos del honor.Ay, maletín de Singapur,entre ratas, salitre y decisión,veintiocho días ganó la gente a bordohasta que el barco tuvo forma de embarcación.
Y cuando al fin zarparon con el fierro recompuesto,Australia abrió sus muelles al calor,veintitrés mil ovejas balando contra el viento,y el Golfo Pérsico esperando bajo el sol.
Irán, Bahréin, desierto, alfalfa y madrugada,el mundo era una rueda sin final,y aquel muchacho serio, de maletín y cuento,ya no era el mismo que salió del arrabal.
Porque hay viajes que no llevan solamentede un puerto a otro puerto, de un mapa a otro color:hay viajes que te arrancan de la vida conociday te bautizan hombre sin pedirte autorización.
No era un diplomático, no era ningún señor,era Toti haciendo patria con oficio y corazón.
Ay, maletín de Singapur,compañero de un muchacho sin patrón,con historietas y coraje,con dos mangos y un destino de vapor.Ay, maletín de Singapur,quién diría, entre escalas y calor,que ese pibe que viajaba medio en bromaiba a hacerse viejo lobo de altamar y corazón.
Hoy duerme aquel maletín, quizá perdido en la memoria,pero el viaje todavía sigue ahí:un pibe de Ballester cruzando medio mundo,con miedo bien guardado y ganas de vivir.
Y si en alguna noche le preguntan las estrellascómo empieza una leyenda de arrabal,que digan: “Fue con un bolso, unas revistas,y un enfermero guapo rumbo a Singapur sin mirar atrás.”
Ay, maletín de Singapur,reliquia de una vida sin telón,guardaste historietas, pero abriste una novelaque ni el mar entero todavía terminó.